Para la Iglesia Católica, la Pascua es la festividad cristiana en la que se celebra la resurrección de Jesucristo. Después de que Cristo murió en la cruz, colocaron su cuerpo en un sepulcro; allí permaneció, separado de Su espíritu, hasta Su resurrección, cuando Su espíritu y Su cuerpo volvieron a unirse. Los Santos de los Últimos Días afirman y testifican que Jesucristo resucitó y que vive con un cuerpo glorificado y perfecto de carne y huesos.
Después de Su resurrección, Jesús se apareció primero a María Magdalena y luego a otros discípulos. Algunos no se convencieron de Su resurrección, creyendo que sus apariciones eran las de un espíritu incorpóreo. Jesús les aseguró: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo” (Lucas 24:39). Él entonces comió pescado y miel en su presencia, disipando más la duda.
La Pascua es una celebración no sólo de la resurrección de Cristo, sino también de la resurrección universal. Debido a la expiación de Jesucristo, todas las personas resucitarán. Sus cuerpos y espíritus se reunirán, para nunca más separarse. Los Santos de los Últimos Días conocen la verdad de la declaración de Pablo: “Pero ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos; y llegó a ser primicias de los que durmieron… Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados”.
¿Y el conejo?
Sucede que la celebración de Pascuas es una simbiosis entre la resurrección cristiana y la festividad de la primavera antes de la era de Cristo. Los símbolos y las historias sobresalen por sobre todas las cosas, por ejemplo, por la aparición del conejo que pone huevos en cada casa.
Si bien puede haber alguna que otra diferencia respecto a las celebraciones a nivel mundial, el hecho de que el conejo se haya impuesto como mito es un fenómeno del siglo XX y de la comercialización. El huevo, en cambio, representa la fertilidad, la perfección, la vida y la resurrección.
Cabe aclarar que, antes de Cristo, el conejo ya era un símbolo de la fertilidad asociado con la diosa fenicia Asarté, a quien además estaba dedicado el mes de abril. En los países anglosajones esta diosa se denomina Easter y en su honor se celebraba dicha ocasión.
A partir del siglo XIX, se empezaron a fabricar los muñecos de chocolate y azúcar en Alemania, debido a que comenzó a circular entre la población una leyenda que transmitía el relato sobre el origen del conejo de Pascua. El mismo cuenta que uno de estos animales estuvo encerrado en el sepulcro junto a Jesús y presenció su resurrección.
Al haber presenciado el milagro, y salir de la cueva junto a él, se dice que fue elegido como el mensajero que debería comunicar y recordar a todos los niños la buena nueva, regalando huevos pintados, que actualmente también son de chocolate y otras golosinas.






















