El #ChampagneDay nació en 2009 por iniciativa de un bloguero californiano y profesor de vinos, Chris Oggenfuss. Y a lo largo de los años, cada vez más amantes del vino de todo el mundo participan de esta celebración, que se ha convertido en el evento universal para los amantes del Champagne.
En esta ocasión, Francia y Estados Unidos vuelven a captar la mayor atención por ser los lugares con más cantidad de propuestas, seguidos por Japón (gran mercado para las burbujas francesas) e Italia.
Ícono del life style, en las celebraciones desde hace algunos siglos, el Champagne fue, es y seguirá siendo el vino más elegido.
Oriundo de la región homónima al Norte de Francia, una zona muy fría y con tan poco sol que los vinos allí producidos hasta el siglo XVII solo tenían la ventaja de estar cerca del gran mercado de consumo de la época; París. Pocos saben que se trata de una de las zonas vitivinícolas más tradicionales, donde se elaboraban vinos casi 20 siglos antes como una de las fuentes de recursos más importante. Eran vinos muy ácidos y sin mucho cuerpo, pero con un carácter domado por la conservación en toneles de roble.
Hasta que un día sucedió algo que cambió su historia. En la Abadía de Hautvillers, donde se producían vinos para comercializarlos, el estudioso monje Dom Perignon; quien ya tenía una vasta experiencia en vitivinicultura; descubrió (de alguna manera) el Champagne. En realidad, se trató de una casualidad no tan casual, porque el fenómeno de la fermentación (responsable de generar el gas carbónico) lo pudo explicar Louis Pasteur recién dos siglos después. Pero don Pierre ya venía viendo que algo raro pasaba en las cavas con los vinos remanentes.
Un año, los vinos comenzaron a guardarse en botellas, fraccionados durante el invierno. Pero al llegar la primavera y subir las temperaturas, las levaduras; “dormidas” dentro de las botellas por el frío invierno; retomaron su tarea generando gas carbónico. Así, aquellas primeras botellas, tapadas con trozos de madera y tela, comenzaron a explotar. Y fue a partir de ese suceso que Dom Perignon perfeccionó ese vino, introduciendo el tapón de corcho para poder preservar esas burbujas inexplicables. “Estoy bebiendo estrellas”, fue su frase inmortalizada. Otro de los grandes hitos de esta bebida fue cuando la viuda de Clicquot, al mando de la bodega y cansada de la turbidez en sus vinos crea los pupitres y el removido. De esta forma, se logran extraer todas las lías remanentes en la botella y disfrutar de una bebida cristalina y brillante.
Pero no fueron solo los descubrimientos en la bodega los que lo hicieron famoso, sino que los reyes europeos adoptaron este vino para sus festejos y comidas importantes. Después de casi cuatro siglos, el Champagne se mantiene como el vino más famoso del mundo y el más elegido a la hora del brindis.
Fuente Infobae






















