Fue un 20 de agosto de 1965. La persistente llovizna que caía, propia de la época, se transformó en aguanieve primero y luego en una intensa nevada que cambió el paisaje de la ciudad.
La imagen que queda en los testigos del extraordinario hecho es la sorpresa por el fenómeno inesperado en esta parte del continente: “Nunca esperamos tener un día de nieve. Fue una nevada en serio, no era esa aguanieve que se derretía con el contacto con la tierra: se acumulaba sobre vehículos, calles, plazas… La ciudad quedó cubierta y blanca”, describió un vecino de la localidad.
El 20 de agosto es una fecha que también recuerdan los habitantes de Bernardo de Irigoyen ya que una año antes (1964) también cayó nieve en esa localidad.
Ese día los irigoyenses se levantaron bien temprano y se encontraron con la ciudad cubierta de blanco. “Parecía un paisaje de Suiza”, decían los que observaron el fenómeno.
Tanto en una como en otra ciudad, el 20 de agosto fue un feriado impuesto porque los vecinos decidieron disfrutar del fenómeno en las plazas y los patios, armando muñecos de nieve. “Muchas personas no prepararon el almuerzo porque estaban muy entusiasmadas con el paisaje y no salían de su asombro; fue todo un acontecimiento”, rememoran algunos vecinos.

Fuente PE






















