La serie Yiya se estrenó el 13 de noviembre en Flow pero ahora llega a Eltrece. Se podrá ver en el canal de aire a partir del miércoles 4 de marzo a las 21.15. La serie, una coproducción de Flow, Kuarzo e Idealismo Contenidos, constituye un caso singular dentro de las apuestas actuales de la industria argentina, tanto por el uso combinado de formatos —con cinco episodios de 30 minutos y un especial documental— como por la acelerada reconfiguración de su elenco principal. Esta última se produjo tras la sorpresiva salida de Julieta Díaz una semana antes del rodaje, lo que forzó la designación de Julieta Zylberberg como protagonista en tiempo récord.
Yiya —dirigida por Mariano Hueter y con guion de Marcos Carnevale— se apoya en la reconstrucción dramática del caso Yiya Murano, conocida como “la envenenadora de Monserrat”, basado en el libro y la investigación de Rodolfo Palacios. El asesoramiento directo de Palacios, sumado a la decisión de retratar los hechos en ficción —y no en formato documental—, permitió cierta libertad creativa, pero con un fuerte énfasis en la fidelidad de época y el realismo de sus escenarios.
La ambientación de los años 70 fue uno de los principales retos logísticos. El equipo de producción utilizó siete locaciones, tomando una iglesia en Parque Chas como base operativa y escenario de múltiples espacios dramáticos: geriátrico, juzgado, domicilio privado y fiscalía. El rodaje se apoyó en la conversión de estos ambientes y el detalle en vestuario, vehículos y la cartelería urbana para lograr autenticidad frente a cámara.
Zylberberg describió el acercamiento a Yiya Murano como un proceso “delirante” desde lo actoral: “Una mujer de sangre fría. El personaje es vacío de sentimientos y emoción”. Su interpretación debió construirse bajo presión por el cambio abrupto en el elenco, lo que la obligó a componer desde la urgencia sin perder profundidad ni matiz psicológico.
La complejidad del personaje, que alterna simpatía y manipulación según las escenas, sumó una dificultad adicional. “Ella hace de su perfil humano un personaje mediático: una señora de clase media que envenena a sus amigas con masitas, siempre impecable, con aretes y maquillaje”, detalló Zylberberg. La actriz utilizó humor negro e incomodidad moral, apuntando que el tono de la serie es “oscuro, nada caricaturesco pero sí malicioso”.
Fuente Infobae






















