El crucero MV Hondius, afectado por varios casos de hantavirus, ya viaja hacia las islas Canarias. La enfermedad vírica, que ha causado tres muertes, obligó a la embarcación a permanecer fondeado frente a Cabo Verde durante varios días, a la espera de evacuar a los pacientes sintomáticos y de la decisión del lugar en el que el resto de los pasajeros desembarcarían.
Por el momento, la OMS ha informado de la confirmación por laboratorio de cinco contagios de hantavirus, concretamente de la cepa de los Andes, la única transmisible entre humanos. Sin embargo, los expertos llaman a la calma y señalan que “el riesgo de una epidemia comunitaria es muy bajo”.
Por otro lado se supo que 29 pasajeros del crucero MV Hondius dejaron el barco en Santa Elena el 24 de abril, antes de la confirmación oficial del brote de hantavirus. La naviera Oceanwide Expeditions informó del desembarco de personas de doce nacionalidades, y autoridades sanitarias globales buscan ubicarlas ante la posibilidad de transmisión interhumana del virus.
La compañía precisó el origen de los pasajeros que desembarcaron en el territorio británico de ultramar: se trata de personas de al menos doce nacionalidades, entre ellas siete británicos, seis estadounidenses, tres neerlandeses, dos canadienses, dos suizos, dos turcos. Además, viajaron personas de Alemania, Dinamarca, Suecia, Nueva Zelanda, Singapur y San Cristóbal y Nieves. A ese grupo se suman dos casos cuya nacionalidad no fue informada.
El dato, que en las últimas horas comenzó a circular en versiones parciales, encendió las alertas sanitarias a nivel global. Autoridades de distintos países iniciaron operativos para localizar a esos pasajeros, quienes ya regresaron a sus lugares de origen, ante la posibilidad, considerada poco frecuente, de transmisión del virus entre personas. Según indicaron fuentes oficiales y agencias internacionales, el paradero de buena parte de esos viajeros todavía no está claro, lo que agrega complejidad al seguimiento epidemiológico. En ese contexto, gobiernos y organismos sanitarios avanzan en el rastreo de contactos para prevenir eventuales cadenas de contagio.
Uno de esos casos ya tuvo impacto: un pasajero que también había descendido en Santa Elena dio positivo por hantavirus en Suiza tras regresar a su país, aunque no se conocen con precisión sus movimientos posteriores. Ese episodio reforzó la necesidad de ubicar al resto de los viajeros que compartieron trayectos con los casos confirmados.
El foco de la investigación se mantiene en la pareja neerlandesa considerada el caso índice del brote. El hombre murió a bordo el 11 de abril y su esposa descendió del barco el 24 de ese mes en Santa Elena. Ambos iniciaron el viaje en Ushuaia el 1° de abril, después de un extenso recorrido por la Argentina y países vecinos.
Tras bajar del crucero, la mujer fue trasladada en avión hacia Sudáfrica. Durante ese trayecto presentó síntomas y fue hospitalizada en Johannesburgo, donde murió días después. Antes, incluso, la retiraron de un vuelo comercial hacia Europa debido al deterioro de su estado de salud, una situación que encendió las alertas sanitarias en aeropuertos y aerolíneas.
Además, ese traslado aéreo quedó bajo investigación. La Organización Mundial de la Salud inició el rastreo de los pasajeros que compartieron el vuelo desde la isla de Santa Elena hasta Johannesburgo, en el que viajaban más de ochenta personas, ante la posibilidad de identificar contactos estrechos. La transmisión entre humanos del hantavirus, limitada a la cepa Andes detectada en este brote, es infrecuente, pero no imposible.
Fuente Mol






















