La Conmebol reprogramó encuentros de torneos continentales debido a las protestas y bloqueos en Bolivia. Los partidos fueron trasladados a Paraguay por falta de garantías de seguridad.
La Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) dispuso el traslado de dos partidos de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana que debían disputarse en Bolivia, debido a la crisis social y las protestas registradas en distintas ciudades del país. Los encuentros fueron reprogramados y se jugarán finalmente en Paraguay.
Los partidos afectados son el duelo entre Independiente Petrolero y Botafogo por la Copa Sudamericana, previsto originalmente en Sucre, y el cruce entre Always Ready y Mirassol por la Copa Libertadores, que debía disputarse en El Alto. Ambos encuentros se disputarán en el estadio La Huerta, en Asunción.
La decisión fue tomada ante la falta de garantías de seguridad en territorio boliviano, en medio de una ola de protestas que afecta a varias regiones del país. Las manifestaciones incluyen bloqueos de rutas y movilizaciones en ciudades clave como La Paz y El Alto.
En paralelo, se registraron negociaciones en torno al partido entre Blooming y Carabobo, que inicialmente también iba a ser trasladado. Finalmente, el encuentro se disputará en el estadio Ramón Aguilera Costas de Santa Cruz de la Sierra, tras gestiones dirigidas por la dirigencia del club boliviano y la federación local.
El club Blooming agradeció el apoyo de la Federación Boliviana de Fútbol y de autoridades nacionales y departamentales, que garantizaron las condiciones necesarias para la realización del partido en esa ciudad. El caso fue el único que logró sostener su sede original dentro del país.
La crisis en Bolivia se intensificó en las últimas semanas a partir de reclamos sindicales, vecinales e indígenas que exigen mejoras salariales y la renuncia del presidente Rodrigo Paz, quien lleva seis meses en el cargo. Las protestas derivaron en bloqueos y cortes de rutas en distintos puntos del país.
En La Paz, la situación escaló con una nueva jornada de manifestaciones que derivó en enfrentamientos con fuerzas de seguridad, donde se utilizaron gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes. Las autoridades judiciales también avanzaron con pedidos de detención contra algunos de los organizadores.
El conflicto social mantiene un escenario de alta tensión en Bolivia y continúa afectando la circulación, la actividad económica y la organización de eventos internacionales en el país.






















