El fin de semana sorprendió ver al alemán Florian Wirtz beber jugo de cerveza en el banco de suplentes cuando fue reemplazado. Sin embargo los los atletas ya lo consumían desde los inicios del deporte moderno en el siglo XIX y principios del siglo XX para rehidratarse y como suplemento vitamínico.
Cuando Florian Wirtz fue sustituido durante el empate 2-2 del Liverpool contra el Newcastle United en la primera jornada, el atacante alemán se sentó en el banco de suplentes y empezó a tomar de una botella un líquido rojo oscuro.
¿Se trataba de algún brebaje vampírico diseñado para reponer fuerzas al mediocampista-atacante valorado en u$s156,8 millones tras una agotadora tarde de verano en la Premier League? No exactamente. De hecho, era jugo de cereza, el último suplemento imprescindible en el fútbol de élite.
Otras pruebas de resistencia, especialmente el ciclismo profesional, lo utilizan desde hace muchos años. Es habitual ver al final de las etapas del Tour de Francia a ciclistas con manchas carmesí en sus maillots.
Una investigación realizada por la Universidad de Granada y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) sobre la idoneidad de la cerveza en la recuperación del metabolismo hormonal e inmunológico de los deportistas tras el ejercicio físico indica que es igual de saludable que beber agua, siempre y cuando el consumo sea moderado: 330 ml para la mujer (una lata aproximadamente) y hasta 660 ml para el hombre (dos latas).
Según el profesor Manuel Castillo Garzón, una bebida ideal para la rehidratación posterior a hacer ejercicio debe tener alrededor de un 6% de hidratos de carbono, bajo contenido de sodio y potasio.
La composición de la cerveza concuerda con estas características. Tiene vitaminas del grupo B, necesarias para obtener energía de los hidratos, proteínas y grasas; y antioxidantes, útiles para contrarrestar el estrés oxidativo derivado de la práctica del deporte.
Además, la cerveza contiene una variedad de electrolitos y minerales, algunos de ellos, en cantidades más altas que las bebidas deportivas tradicionales. Entre ellos se destacan calcio, magnesio, fosfato, potasio, sodio, selenio y flúor. Estos son esenciales para la salud ósea y la funcionalidad muscular, y así poder hacer ejercicio sin riesgo de lesiones.






















