Con restos de municiones de la guerra de Malvinas incorporados a una pieza de oro, plata y bronce, el orfebre argentino Juan Carlos Pallarols prepara un cáliz para regalar al papa León XIV durante su visita a Argentina, del 8 al 11 de noviembre.
De plata con baño de oro, el cáliz incorpora restos de municiones utilizadas durante la guerra que en 1982 libraron Argentina y Reino Unido por las islas Malvinas.
Su base está ornamentada con símbolos de las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. Lo acompaña una patena, el pequeño plato litúrgico que sostiene el pan durante la misa.
Un contador electrónico registra las intervenciones de quienes participan en su elaboración. “Tenemos una idea bastante clara de la cantidad de golpes que se dan en la pieza”, dice Pallarols. Por eso asegura que fue confeccionada por “un millón de personas” de toda Argentina.
En Córdoba en tanto, el Papa va a recibir un poncho tejido artesanalmente de regalo. Su autor es Erick Rojas, un artesano de la Comunidad Indígena La Unión, del paraje Santa Teresita, en el departamento Pocho, quien recibió el encargo de confeccionar la prenda que el gobernador Martín Llaryora entregará al Sumo Pontífice durante su visita a Córdoba.
La elección tiene un origen particular. Meses antes de que se confirmara la llegada del Papa, Rojas había conocido al gobernador durante una visita a Villa de Pocho. En aquella oportunidad, el artesano le regaló un poncho elaborado en un telar tradicional y le explicó el significado de sus dibujos y colores.
Luego, cuando se confirmó la visita de León XIV, el gobernador decidió que aquel encuentro sería el punto de partida para elegir el presente que Córdoba le entregaría al Pontífice.
En julio, se reunieron para comenzar a definir los detalles del poncho que sería confeccionado especialmente para el Papa.
La elaboración de una pieza de estas características requiere un proceso artesanal que comienza mucho antes de utilizar el telar. Primero se obtiene la lana de las ovejas, luego se prepara y se hila hasta formar las madejas que finalmente se utilizan para tejer.
Los colores también tienen su origen en la naturaleza. Los artesanos de la región utilizan elementos vegetales para conseguir distintas tonalidades: la chilca permite obtener tonos anaranjados, el suico aporta amarillos y el tronco del piquillín brinda otros matices.
A esos colores se suman los tonos naturales de las fibras, como el blanco, el gris, el negro y el marrón.
Rojas forma parte de una tradición de tejedoras y tejedores de los departamentos Pocho y San Alberto, donde los conocimientos vinculados con la elaboración de ponchos se transmiten de generación en generación.
Cada pieza es diferente y sus dibujos son elegidos cuidadosamente. Las guardas recuperan elementos del paisaje, la historia y la cultura de la región.
Fuente Infobae y La Voz























