El 30 de abril de 1977, 14 mujeres asistieron a la Plaza de Mayo en reclamo por la aparición de sus hijos y nietos desaparecidos durante la última dictadura cívico militar (1976-1983). En ese espacio público porteño permanecían en grupos, de pie, sin caminar, pero pronto los policías que custodiaban el lugar les indicaron que marcharan porque había Estado de sitio y estaban prohibidos los grupos de tres o más personas. Así comenzaron las caminatas alrededor de la Pirámide de Mayo.
Azucena Villaflor de De Vicenti dijo: “Individualmente no vamos a conseguir nada. ¿Por qué no vamos todas a la Plaza de Mayo? Cuando vea que somos muchas, (Jorge) Videla tendrá que recibirnos”.
Villaflor creó la asociación Madres de Plaza de Mayo. La acompañaron Berta Braverman, Haydée García Buelas, María Adela Gard de Antokoletz, Julia Gard, María Mercedes Gard y Cándida Gard (cuatro hermanas), Delicia González, Pepa Noia, Mirta Baravalle, Kety Neuhaus, Raquel Arcushin, una mujer de apellido De Caimi y una joven que no dio su nombre.
Acordaron reunirse todos los jueves en el mismo lugar y por eso al principio la Junta Militar las llamó “Las locas de la Plaza”.
Con el correr de los años, se convirtieron en un símbolo de defensa de los Derechos Humanos en la región y el resto del mundo.
En la Plaza 9 de Julio realizaron un homenaje para recordar ese acontecimiento histórico. Augusto Speratti, subsecretario de la Memoria, contó que “estamos conmemorando estos 49 años del inicio de las rondas de aquellas mujeres corajudas, tan valientes, luchadoras, que han iniciado su ronda en la Plaza de Mayo, para solicitar primero por la libertad de sus hijos, para saber dónde están y por la aparición con vida de aquellos que no se sabían dónde se encontraban”.
“Esas luchas constantes que han tenido durante todos estos años, la verdad son un ejemplo para nosotros, son una guía para seguir la lucha por la memoria, por la verdad y por la justicia”, añadió el funcionario en diálogo con RADIO A.
Y recordó “en Posadas, en Misiones, tuvimos nuestras madre que se reunían en la Plaza 9 de Julio. Se juntaban principalmente para poder ver dónde reclamaban. Y así se acercaron a Monseñor Kemerer. Él ha sido también un artífice de estas luchas, porque a través de él llegaban los mensajes de si estábamos o no estábamos o los mensajes de los familiares”.
“La verdad que la lucha constante de las madres de Plaza de Mayo ha permitido que muchos salgamos en libertad, inclusive antes de que termine el proceso de la dictadura. Ha permitido también, si sigue permitiendo hoy, recuperar o encontrar a través de investigaciones restos de sus hijos que han sido asesinados y de los nietos que han sido secuestrados y robados su identidad”, sostuvo.
“Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo se han vuelto un ícono, no solo acá en la Argentina, sino que en toda Latinoamérica y a nivel mundial de la lucha por los derechos humanos. Si no fuera por las madres y y sus rondas no se hubieran conocido los hechos horrorosos, horrendo que nos aconteció a nuestros compatriotas”, finalizó.






















