“No se tienen que guardar/ los secretos que hacen mal”. Eso dice el estribillo de la canción compuesta por Ruth Hillar, y escucharla conmueve. A las voces de los integrantes de Canticuénticos, y el dulce sonido de sus instrumentos, se suman, hacia el final, las de algunos niños -participación habitual en el cancionero de los santafesinos-.
En sus canciones, siguiendo la tradición de María Elena Walsh, los niños son tratados como personas inteligentes a los que se les puede hablar de cosas difíciles. Con la asesoría de psicólogos y especialistas, Hillar escribió esa canción, que forma parte de un repertorio para nada ajeno a los temas sociales. “Hay secretos” habla del abuso y sirvió para que una chica comenzara a hablar de las situaciones que vivió entre 2018 y 2019.
Después de que un maestro de música les hiciera escuchar “Hay secretos” a toda una clase, ocurrió algo sanador. Gracias a eso, una alumna y sus hermanas pudieron contar que un vecino, hoy preso, abusaba de ellas. La jueza de Zapala, en Neuquén, hizo que sonara la canción durante el juicio.
Eso fue en el último marzo, un año atrás. Desde entonces, no dejaron de pasar cosas con ese tema. Así de conmovedoras. A veces, eso de que el arte ayuda es más que una idea espiritual.
El juicio llegó en 2021. De acuerdo con la jueza de Garantías Carolina González, a cargo de la causa, es fundamental que los abusados puedan hablar cuanto antes en estos casos. “El gran problema es que los niños y las niñas víctimas de abuso lleguen a contarlo. La lógica de las modificaciones que se hicieron respecto de estos delitos, como la ley Piazza (número 26.705, sobre los plazos de prescripción del abuso sexual en la infancia) responde a que cuesta muchísimo que los chicos hablen. Esa es la herramienta del abusador”, señaló la magistrada.
“Que un tema musical logre esto es increíble. Ella lo contó un año después, y es poco tiempo para un caso así”, explicó. “El patrón común es ver niñas que comenzaron a ser abusadas desde los 7 u 8 años, una situación que en general después se va incrementando y tal vez sean 6, 7 años o más de abusos, y no logran hablar, o lo hacen mucho tiempo después. Estamos acostumbrados a los silencios, duraderos y terribles”, insistió la jueza.
En el fallo, González consideró el contexto en el que se movía el abusador y el costo que eso conllevaba para la nena. “Es un hombre que hace treinta años vive en el mismo barrio, el René Favaloro, de la ciudad de Zapala. Allí pasó gran parte de su vida personal y familiar; y todos lo veían como un ‘buen vecino’, o un ‘vecino de toda la vida’”, describió en el texto.
En ese sentido, la resolución destacó el valor que tuvo la menor, dado que implicaba “enfrentarse a un adulto que vivía a pocos metros de su casa” y “quedar expuesta ante todos los operadores judiciales y sus allegados”.
Tras la denuncia de la chica, otras dos nenas del barrio develaron que el hombre también había intentado abusar de ellas cuando tenían 7 y 8 años y aportaron su testimonio a la causa. “Lo que cabe reconocer en este caso es que, indudablemente hubo un intento de avanzar sobre la integridad sexual de estas niñas y que no se concretó porque ellas pudieron cada una a su forma autoprotegerse”, detalló la magistrada en la sentencia.
“Hay secretos chiquititos que te invitan a jugar/ Y hay secretos tan enormes que te vienen a asustar. Hay secretos livianitos que te llevan a volar/ y hay secretos tan pesados que no dejan respirar. Si no alcanzan las palabras para lo que hay que contar/ Inventemos otro idioma, siempre te voy a escuchar. Acá estoy, quiero ayudarte, sé que decís la verdad/ Ya no habrá que andar con miedo, porque te voy a cuidar. No se tienen que guardar, los secretos que hacen mal/ No se tienen que guardar, los secretos que hacen mal”.
Fuente TN






















