El padre Leandro Kuchak respondió a las recientes declaraciones del presidente Javier Milei, quien calificó a la justicia social como un “pecado capital”. Desde una visión cristiana, recordó que el compromiso con los pobres es un mandato evangélico, no una ideología.
El 5 de julio, durante un acto religioso en Chaco, el presidente Javier Milei aseguró que “la justicia social es un pecado capital”, que contradice los mandamientos y que representa una forma de “envidia con retórica”. Sus palabras, más que una simple provocación política, tocaron una fibra profunda en quienes profesan la fe cristiana.
Desde esa convicción, el padre Leandro Kuchak hizo pública una carta en la que refuta con claridad las afirmaciones presidenciales: “La justicia social no solo no es un pecado, sino que es una exigencia evangélica, una manifestación concreta del amor a Dios y al prójimo”.
Apoyado en las enseñanzas bíblicas, el sacerdote citó la parábola del juicio final (Mateo 25, 31-46) como una expresión clara de lo que implica vivir la fe cristiana: alimentar al hambriento, vestir al desnudo, acompañar al que sufre. “¿No es acaso eso la justicia social?”, se pregunta.
Frente a la idea de que la justicia social es un robo disfrazado, el padre Leandro contrapone el principio cristiano del destino universal de los bienes: “No se trata de quitarle a uno para darle a otro, sino de asegurar que todos tengan lo necesario para vivir con dignidad”.
El texto también recuerda que la Iglesia Católica ha sostenido históricamente la defensa de la justicia social como pilar de su Doctrina Social. Desde la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII, pasando por las enseñanzas del Concilio Vaticano II, San Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Papa Francisco, la Iglesia ha reafirmado una y otra vez que no hay caridad sin justicia.
“El presidente contrapuso justicia social y caridad, como si fueran opuestas. Pero la verdadera caridad, la que nace del amor de Dios, exige transformar las estructuras que generan pobreza y exclusión”, afirmó.
En un momento especialmente sensible del país, donde aumentan las desigualdades y se debaten valores fundamentales, la voz del sacerdote no se levanta como una bandera partidaria, sino como testimonio de fe. “No queremos una fe que se encierre en los templos. Queremos una fe que toque las heridas del pueblo”, sostuvo.
Citando al Papa Francisco, recordó que “la política, tan denigrada, es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común” (Fratelli Tutti, 180). Y concluyó con firmeza: “La justicia social no es pecado. Es fidelidad al Evangelio”.
Fuente Mol






















