La ola de frío polar anunciada llegó a la ciudad capital de la provincia y en toda la provincia de Misiones. Las heladas ya habían cubierto las serranías en el amanecer del jueves y para la noche del jueves y la madrugada de este viernes, un nuevo frente frío se posicionó sobre la ciudad de Posadas.
Sabiendo de lo que sucedería, las autoridades del club Huracán y de la Dirección General de Desarrollo Social del municipio y de la provincia, se unieron para habilitar la sede del club, ubicado en la esquina de Santa Catalina y López y Planes. Y desde temprano el ropero solidario empezó a transformarse en una verdadera montaña de ropa. Y el club quedará abierto toda la madrugada para recibir más ropa y albergar a quienes quieren abandonar las calles por algunas horas.
El presidente del club, Cristian Ríos, dijo estar orgulloso por lo concretado y que no esperaban tamaña respuesta de la gente. Desde las 22 en adelante, la gente llevando ropa se fue acentuando.
El club se preparó con 30 raciones de comida, con camas cuchetas y para antes de las 22:30 ya eran siete las personas que se quedarían a comer y a dormir, hasta las 7:30 de este viernes, momento en que disfrutarán del desayuno para volver a emprender la dura pelea en la calle.
A las 23:30 del jueves la temperatura descendió a los 9 grados. Para la mitad de la madrugada la temperatura se congeló en 7 y para las 7 de hoy viernes, antes del amanecer, un grado menos.
Uno de los primeros en llegar para comer y para dormir, fue Rodrigo Antúnez y no estaba cerca de su casa o ciudad. De Tierra del Fuego, malos momentos lo depositaron en el club Huracán como un verdadero albergue y si bien la temperatura para él no era lo urgente a combatir, sí el techo y la comida. Se encontró con una ciudad solidaria y generosa. Hoy estaría partiendo hacia el Sur de la Argentina.
Y de la Argentina, de Belén, Catamarca, también habían llegado tres personas más. Agradecidos todos con la solidaridad del plato de pollo y arroz. Enorme gesto para quienes no tenían dónde ni cómo pasar la noche.
Una mujer deambulando desde temprano. Otro hombre que se bajó del colectivo, con innumerables problemas y obstáculos, fueron los siguientes en servirse del club solidario, porque al menos una o dos noches, dormir no será un riesgo de que les pase algo o que les roben algo.
Dormir sería lo que para muchos es normal, un merecido descanso tras otro duro día de rebusque y trabajo.






















